¿El Estado puede ayudar?
Existe una idea muy extendida de que cuanto más interviene el Estado, mejor protegidos están los trabajadores. Sin embargo, la experiencia económica muestra que los trabajadores prosperan cuando existen empresas que invierten, innovan, compiten y generan empleo.El papel más valioso del Estado no es fijar cuánto debe ganar cada persona, sino garantizar reglas de juego estables: seguridad jurídica, respeto por la propiedad privada, cumplimiento de los contratos y una justicia independiente. Ese entorno favorece la inversión, y la inversión es la que incorpora tecnología, mejora la productividad y termina elevando los salarios reales.
La productividad es el principal determinante del nivel de vida de un país, cuando cada trabajador produce más valor, las empresas pueden pagar mejores salarios de manera sostenible.
La productividad es el principal determinante del nivel de vida de un país, cuando cada trabajador produce más valor, las empresas pueden pagar mejores salarios de manera sostenible.
Ningún decreto elimina las restricciones económicas
La economía tiene una característica incómoda para cualquier gobierno: las leyes no eliminan la escasez. Si una Pyme produce bienes por un valor de $100,000 al mes, ninguna ley puede obligarlo a repartir $150,000 en sueldos sin que aparezcan consecuencias.Cuando el costo de contratar supera el valor que genera el trabajador, la empresa tiene pocas alternativas: aumentar precios, reducir beneficios, dejar de contratar, automatizar procesos o cerrar. Por eso, muchas veces las políticas aparentemente bien intencionadas terminan perjudicando precisamente a quienes decían que buscaban proteger.
Algunas recurren a la economía informal. Otras deciden no incorporar personal. Y muchas personas, especialmente jóvenes y trabajadores con poca experiencia, encuentran cada vez más difícil conseguir su primer empleo.
El resultado es una paradoja porque mientras quienes ya conservan un empleo formal pueden beneficiarse de un aumento salarial (por el momento), otros quedan directamente excluidos del mercado laboral.
El costo oculto: más informalidad y menos oportunidades
Cuando contratar formalmente se vuelve demasiado caro, muchas pequeñas empresas simplemente dejan de hacerlo… de manera formal.Algunas recurren a la economía informal. Otras deciden no incorporar personal. Y muchas personas, especialmente jóvenes y trabajadores con poca experiencia, encuentran cada vez más difícil conseguir su primer empleo.
El resultado es una paradoja porque mientras quienes ya conservan un empleo formal pueden beneficiarse de un aumento salarial (por el momento), otros quedan directamente excluidos del mercado laboral.
La economía informal no nace ni crece porque las personas prefieran incumplir la ley. En muchos casos surge porque el costo de cumplirla supera la capacidad económica de quienes producen. Cada regulación adicional, cada impuesto y cada obligación incrementan el costo de operar. Cuando ese costo se aleja demasiado de la productividad del trabajador, la formalidad comienza a ser menos atractiva.
Cuando existen muchas empresas compitiendo por contratar talento, el poder de negociación del trabajador aumenta. Puede elegir dónde trabajar, negociar mejores condiciones o cambiar de empleo si recibe una oferta superior. En cambio, cuando la inversión disminuye y cada vez hay menos empresas, ocurre lo contrario: hay más personas buscando empleo y menos empleadores ofreciendo oportunidades.