¿Se pueden subir los sueldos por decreto?

“Desde el primero de enero, el salario aumentará un 10%”. A primera vista, la noticia parece una excelente noticia para millones de trabajadores. Después de todo, ¿quién podría estar en contra de que los demás ganen más dinero?

Un salario puede aumentar en términos nominales (pesos, dólares, euros o cualquier otra moneda) mientras el poder de compra permanece igual o incluso disminuye si los precios también suben.

Este debate aparece ua y otra vez en muchos países. Algunos sostienen que el estado puede mejorar el nivel de vida simplemente decretando salarios más altos. Otros argumentan que los salarios dependen principalmente de la productividad, la inversión y la capacidad de las empresas para generar valor.

¿Qué determina realmente un salario?

En una economía de mercado, el salario no surge de manera arbitraria. Es el resultado del encuentro entre quienes ofrecen su trabajo y quienes demandan trabajadores. Las empresas contratan empleados cuando consideran que el valor que estos aportan a la producción supera el costo de contratarlos. En términos económicos, el salario tiende a reflejar la productividad del trabajador, es decir, cuánto valor genera con su trabajo. 

La demanda de trabajo depende del valor del producto marginal del trabajador: una empresa está dispuesta a pagar más cuando un empleado produce más valor para la organización.  Los países con mayores ingresos no suelen tener salarios altos porque exista una ley que los imponga, sino porque cuentan con niveles elevados de productividad, inversión, capital humano e innovación.

Lo que sí puede hacer un decreto

Un gobierno tiene la capacidad legal de establecer un salario mínimo o decretar aumentos salariales para determinados sectores.

Esto puede tener efectos positivos en algunos casos, especialmente cuando:
  • existen trabajadores con remuneraciones extremadamente bajas; 
  • hay poder de negociación muy desigual; 
  • el mercado laboral presenta abusos o situaciones monopsonísticas; 
  • se busca proteger un ingreso mínimo para los sectores más vulnerables. 
Sin embargo, el decreto no modifica automáticamente la capacidad de las empresas para pagar esos mayores salarios.

Si una empresa ya operaba con márgenes muy ajustados, un incremento obligado por el estado puede obligarla a tomar decisiones difíciles:
  • reducir contrataciones; 
  • disminuir horas trabajadas; 
  • reemplazar trabajo por tecnología; 
  • aumentar precios; 
  • despedir colaboradores; 
  • o, en casos extremos pero posibles, quebrar. 
Por eso el efecto de un aumento salarial obligatorio depende mucho del contexto económico y de la situación particular de cada mercado laboral.

El salario nominal no siempre significa mayor bienestar

Uno de los errores más comunes consiste en confundir salario nominal con salario real. 
  • El salario nominal es simplemente la cantidad de dinero que recibe un trabajador. 
  • El salario real mide cuántos bienes y servicios puede comprar con ese dinero. 
La historia económica ofrece numerosos ejemplos donde aumentos salariales acompañados por fuerte emisión monetaria terminaron siendo absorbidos rápidamente por la inflación.  Cuando la cantidad de dinero crece mucho más rápido que la producción de bienes y servicios, el resultado suele ser un aumento generalizado de los precios. 

Por eso lo importante no es cuánto dinero figura en el recibo de nómina, sino cuánto puedes comprar con ese salario.

El verdadero motor de los salarios

Cuando se comparan los países con mejores salarios del mundo aparece un patrón muy claro.  No son necesariamente los países con más decretos salariales o aquellos que dicen defender al pueblo.

Son aquellos que tienden a poseer: 
  • alta productividad; 
  • inversión sostenida; 
  • educación de calidad; 
  • innovación tecnológica; 
  • instituciones estables; 
  • protección de los derechos de propiedad; 
  • mercados relativamente competitivos. 
A largo plazo no es posible consumir mucho más de lo que una economía produce. Cuando la productividad aumenta, las empresas pueden pagar mejores salarios sin necesidad de trasladar esos mayores costos a los precios. Ese es el crecimiento salarial más sostenible.